JordiCampas

La orientación a retos de la actividad investigadora es una tendencia que viene marcada al menos desde el año 2009 con la aparición del documento: “New Nature of Innovation” de la OCDE. En dicho documento se mencionan 4 vectores de la innovación y un facilitador de la misma.

Los vectores que figuran son:

  1. Co-creación de valor con los clientes y captación de conocimiento de los usuarios;
  2. Fuentes de conocimiento global y redes de colaboración;
  3. Los retos globales como drivers de la innovación;
  4. Retos del sector público como drivers de innovación.

El facilitador mencionado es la tecnología.

El tercer vector: los retos globales como fuente de innovación, ha sido considerado tanto por parte de la Unión Europea, a través del Programa H2020 , como del Estado español, a través de su Plan Estatal de Investigación científica y Técnica y de Innovación 2013-2016, que de hecho guarda una estrecha similitud con el enfoque del H2020.

La consideración de este vector conlleva implícitamente la necesidad de concurrencia de disciplinas múltiples para abordar la complejidad creciente de los retos que afronta la sociedad[1]. Exige, por lo tanto, la necesidad de facilitar y estimular una colaboración genuina, guiada por la voluntad de formular respuestas locales a retos globales, que impulse el necesario mestizaje de disciplinas, áreas de conocimiento, así como la combinación de activos procedentes de las esferas científicas, industriales, regulatorias, sociales, etc.

Por colaboración genuina se entiende aquella que busca el bien común por encima de cualquier otro criterio, sin condicionar dicha colaboración mediante reglas de participación que pueden mermar la necesaria concurrencia de capacidades necesarias para abordar el reto considerado con garantías de éxito. Es el reto social o global el que determina la configuración del partenariado de un proyecto y no las reglas preestablecidas de participación que marcan los instrumentos de financiación existentes.

La colaboración genuina se puede dar por lo tanto cuando el “bien común” expresado en términos de retos sociales y globales sea la finalidad última mientras que la participación de los agentes que aportan sus conocimientos para la resolución de los retos sociales y globales sea el medio a través del cual se materializa dicha colaboración.

La búsqueda de respuestas a los retos sociales tendrán en muchas ocasiones una componente científico tecnológica que será necesario activar pero que no será suficiente para superar de una forma eficaz los problemas asociados a los retos que afronta. La necesidad de plantear un enfoque sistémico e integral obligará en numerosas ocasiones a favorecer la concurrencia de otras capacidades. Capacidades que por otro lado sólo pueden activarse si se considera la cuádruple hélice (oferta científico tecnológica, empresas, administración y sociedad) a la hora de diseñar la participación y la colaboración entre agentes para afrontar retos sociales con garantías de éxito.

La consideración de la cuádruple hélice permitirá a la postre, la obtención de resultados con mayor garantía de implantación y de resolución de retos. Abordar de forma concurrente las dimensiones científico tecnológica, regulatoria, empresarial o social garantiza en mayor medida la orientación a resultados mediante la generación de riqueza o de bienestar social al considerar e integrar la complejidad de los retos y su carácter sistémico.

Desde el año 2012, las entidades impulsoras del Proyecto de Campus de Excelencia Internacional Euskampus (CEI Euskampus), UPV/EHU, Tecnalia y el DIPC, vienen trabajando de forma colaborativa  en un ambicioso proyecto que persigue aunar sus capacidades científico tecnológicas y de innovación para abordar los retos sociales y globales que nuestra sociedad afronta en este principio de siglo. El lema de esta colaboración público privada, “de la idea al bienestar” pone de manifiesto la orientación al crecimiento sostenible y el desarrollo humano como objetivos últimos de las diferentes actuaciones que se están desplegando en los ámbitos de la formación, la investigación y la transferencia a la sociedad.

Una colaboración que se articula básicamente a través de los Polos de Conocimiento Euskampus que se conciben como “clusters” de capacidades científico tecnológicas de las entidades agregadas que son movilizadas en torno a apuestas estratégicas formuladas en clave de retos sociales y globales. Se trata de buscar respuestas locales a retos globales. Posteriormente, dichas capacidades se activan mediante el despliegue de actuaciones en colaboración en los ámbitos de formación, investigación y transferencia a la sociedad. En total, se han identificado 11 Polos de conocimiento con participación activa de la UPV/EHU, Tecnalia, el DIPC y otras entidades adheridas al Proyecto CEI Euskampus como BERCs, CICs e Institutos Biosanitarios.

En definitiva, una iniciativa que se establece sobre un rico entramado de agentes científico-tecnológicos y socioeconómicos altamente conectado y que actúa de forma colectiva transformando visiones parceladas o fragmentadas (egosistemas) en un auténtico ecosistema en el que se valora el bienestar tanto de las partes como del conjunto[1].

De este modo, la apuesta y esfuerzo por desarrollar capacidades científico tecnológicas desde el “desierto tecnológico” de los años 80, permite a Euskadi articular un verdadero ecosistema de ciencia-tecnología e innovación al servicio de la sociedad vasca en primera instancia pero también contribuyendo en el ámbito de sus apuestas prioritarias a la búsqueda de soluciones con aplicación mundial. Es la única forma de convertir una apuesta local en un reconocimiento global, de modo que Euskadi se convierta en un nodo de conocimiento para abordar retos sociales y globales relacionados con sus apuestas prioritarias, ofreciendo al mundo soluciones en los ámbitos de la fabricación avanzada, la energía, la salud y el Territorio.

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