AnderGurrutxaga

El oficio es una construcción histórica. En el Antiguo Régimen, la mayoría de los puestos del gobierno, el ejército o la iglesia eran heredados. El talento contaba poco a la hora de detentar privilegios. A partir del siglo XVII (S. Pepys) se pone de relieve que a los individuos se les debe respeto por el talento. La fórmula es: “carreras abiertas al talento”. Durante la revolución industrial, éste se incorpora entre la burocracia y las profesiones liberales mejor que en las fábricas o el comercio. La división del trabajo (A. Smith) dificulta viejos oficios, los especializa en tareas y quiebra el principio de unidad funcional. La sociedad postindustrial (D. Bell, A. Touraine) hace equivalentes el talento a los conocimientos técnico. El oficio se especializa trasladando el interés de la acción a la capacidad técnica, la creatividad y la generación de nuevas ideas. En las sociedades sociotécnicas, el oficio es conocimiento técnico+aptitudes para aprender+creatividad. La base de los oficios con éxito (gestores del conocimiento, analista simbólico, clase creativa….) es el concepto de capacidad para gestar nuevas ideas, resolver problemas, adaptarse al cambio o poseer espíritu innovador. Cómo se quiere estar y con quién depende de la respuesta a las preguntas que suscitan las nuevas formas de estar en el mundo.

La diversificación de nuevos oficios guarda relación con la emergencia de nuevas fábricas, nuevas formas de producir y nuevos sistemas de producción (Gaggi/Narduzzi) que sin abandonar la lógica mercantil incorporan valores, asociados al concepto fuerte de “artesano” (R. Sennett). El control y el sistema de valores se insertan en la idea de “hacer bien lo que sabes hacer bien”. El capitalismo emocional (E. Illouz) incorpora valores y la autorrealización promueve nuevos sentidos al trabajo y el empleo. El oficio se mueve utilizando el conocimiento técnico, la autorrealización y la idea fuerte del “bien hacer”. Éste se desliza con la idea de buenas práctica y los valores relacionados con la creatividad, la responsabilidad y el respeto hacia la obra, el cliente, el consumidor y el productor. En este mundo se cantan las excelencias de la innovación, la capacidad para crear creatividad y el poder de autotransformación, pero hay muchas personas que no llegan a esos estadios y no participan de los bienes requeridos para jugar a ser creativo y sus trabajos están fuera de la autopista que prescribe la sociedad del conocimiento.

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